viernes, 10 de julio de 2015

La tapia - Cap. 5


Parte 1 

- No he vuelto a tener el control. Pero estuve ayer. Comíamos cerezas desnudos en la cama y yo intentaba hacer nudos como Audrey en… 

- En Twin Peaks. Muy apropiado. 

- ¿Qué quiere decir? 

- Bueno, está claro que sus viajes al ático bien podrían estar escritos por David Lynch 

- ¿Ese es su trabajo? Convencerme de que he visto demasiadas películas, de que me he inventado todo para poner un poco de emoción a mi insulsa existencia. Cree que soy idiota. Creen que soy idiota. 

- Yo sólo quiero ayudarla. 

- He encontrado la panadería que vi por la ventana. Vi el nombre, no se lo dije, pero vi el nombre. Y, ¿sabe una cosa?, no está en venta. De hecho acaban de abrirla. Y el edifico de delante, el del ático, está tapiado. Tapiado. Pero no diré dónde está. No le diré nada. Si no me explica qué coño me está pasando, no pienso decir nada más. Creo que usted sabe por qué me sucede esto y quiero saberlo… Pero, ¿qué está haciendo? No me empuje. 

- Escúcheme, la he sacado al pasillo porque podría haber micrófonos en el despacho. 

- Lo sabía. 

Parte 2 

- El lunes entraron y se llevaron su historial. Sólo su historial. 

- ¿Y las notas que ha tomado estas 16 sesiones? 

- Afortunadamente no estaban aquí… El suyo es una caso único, sea delirio o no... Me las llevé a casa… Fantaseé con la idea de escribir un libro. 

- Perfecto. No puedo decir que me sorprenda. Volvamos a cosas serias... ¿Por qué cree que hay micrófonos? 

- Desde que entraron he oído ruido de acople de mi móvil a algo… 

- ¿Y cómo confío en usted? 

- Créame o no, pero dígame una cosa, ¿quién más sabe de sus "visiones"? ¿A quién le ha dicho que viene aquí? 

- Sólo le he contado esta locura a una persona, a mi mejor amiga, Carmela.

- Debería hablar con ella… 

- Hablamos cada semana vía e-mail... En persona hará casi dos años que no la veo. Ella vive en Milán. La conocí cuando fui a estudiar allí un semestre. Y he ido a verla varias veces después. Nunca hemos dejado de escribirnos, ni una sola semana. Lo sabe todo de mí. Joder… 

- ¿Qué sucede? 

- La última vez que fui, compré el vestido… Ella estaba conmigo. Y cuando la conocí estudiaba algo, bio-algo, como biomedicina o biotecnología, pero lo dejó... O eso me dijo... Esto no pinta bien...

- Ya sabe dónde buscar respuestas, Clara.



Fin primera temporada

miércoles, 8 de julio de 2015

La ventana - Cap. 4


- ¿Qué le ha sucedido?

- Cinco puntos en la palma de la mano.

- Vaya, lo siento mucho… Y, dígame, ¿tiene algo que contar sobre ese ático?

- Antes al menos se molestaba en preguntar por mi vida en general… Ahora sólo le interesa el ático. Afortunadamente la historia es la misma. Fue hace dos días. Estaba preparando una ensalada cuando de repente aparecí en el ático. Estábamos de pie, haciéndolo. Después caímos exhaustos sobre la cama. Me acariciaba los labios mientras nos mirábamos a los ojos. Se levantó para ducharse. Yo me quedé tumbada mirando al techo llena de una felicidad que no conozco. Y entonces, por primera vez, tuve el control por unos segundos.

- ¿Cómo dice?

- Tuve el control. Tuve el control en el ático. Serían 5 o 7 segundos. Oía el agua de la ducha, me levanté y miré por la ventana. La luz me cegaba pero pude ver una panadería en la acera de enfrente con un letrero de ‘se vende’. Y antes de que pudiera hacer nada más,  volví a estar en la cocina de casa, con la mano llena de sangre. Parece que esos segundos que fui consciente allí, aquí no funcionó el modo automático.

- Tiene que estar asustada…

- Se refiere a si he pensado en qué hubiera pasado si en lugar de 5 segundos hubieran sido minutos… Si en lugar de estar haciendo una ensalada hubiera sucedido estando en la calle, conduciendo o en el colegio… Sí. Lo estoy. Ni siquiera supe cómo explicar a Pablo lo que me había sucedido.

- Se refiere a su ex pareja… ¿Estaba en casa con usted en ese momento?

- No me resulta fácil esta situación. A veces deseo tanto estar allí. Pero no funciona así. No decido cuando ir. Y cuándo por fin voy, al volver aquí me siento tan sola que a veces lo llamo. Necesito agarrarme a algo real para no volverme loca.

- Lo comprendo.

- Desde que volvimos del hospital de coser la herida no he salido de casa. No he ido a trabajar. Me da tanto miedo que me suceda delante de los niños. Quiero volver al ático, tener el control, verle, estar con él… Pero estoy aterrada por lo que le pueda suceder a mi cuerpo cuando esté allí. Tiene que ayudarme. Tiene que ayudarme a controlarlo.

lunes, 6 de julio de 2015

La llave - Cap. 3


- Acomódese. ¿Le sirvo un poco de agua?

- Sí, gracias. Ha sucedido algo importante. Ayer estuve en el ático. Él estaba diferente. No tenía barba.

 - Pero aún no sabe cómo es su cara, ¿verdad?

- Eso no tiene nada que ver. 

- Le gustaba más con barba...

- No entiende nada. Ese no es el tema. El tema es que ese cambio me hizo pensar en la vida que tiene fuera del ático. A estas alturas es obvio pensar que soy la amante… Es la explicación más lógica. No sé cómo puedo vivir con eso y ser tan feliz, pero lo soy. Allí lo soy.

- Sin embargo no es usted, la del ático…

- Pues siento que soy yo. En fin, fingí que lo de la barba no me importaba. Pero él se dio cuenta... Me conoce muy bien. Se encerró en el baño y al salir se había pintado una barba con mi lápiz de ojos. Me hizo reír. Nos reímos siempre tanto. Y luego hicimos el amor.

- Es la primera vez que usa la expresión “hacer el amor”, entiendo que haya dicho que era algo importante…

- No lo decía por eso… Ahora viene lo importante. El vestido que llevaba ayer en el ático, lo he reconocido, es uno que me compré hace más de un año, pero que no he llegado a estrenar. Lo he buscado y efectivamente, estaba en mi armario, con la etiqueta.

- Bueno, tal vez se sirve de las cosas que conoce para crear ese mundo…

- Escúcheme. El vestido tiene un bolsillo. Y en ese bolsillo he encontrado esta llave. Una llave que no había visto jamás.

viernes, 3 de julio de 2015

Suela-bombón - Cap.2


- Así que siente que conoce a ese hombre, pero no sabe quién es.

- Sí. Es como en los sueños, que a veces no se puede ver bien el rostro de alguien o se olvida al despertar. O se tiene la impresión de que era alguien aunque el cuerpo fuera de otro. Además, en el ático no soy yo, es decir, soy yo pero diferente. Tengo el pelo más largo, soy un poco más delgada y creo que tengo los pechos más grandes. Y, lo más importante, no tengo el control de mí misma.

- No tiene el control, sin embargo dice que allí es feliz.

- Así es.

- ¿Recuerda si hay algún objeto que pueda identificar como suyo?

- Déjeme pensar... Sobre la mesita de noche hay un cuaderno. Es mío. A veces escribo cuando él no está.

 - ¿Nada más?

- Hay unos altavoces que suelo conectar al móvil para poner música.

- Entonces, un cuaderno, el móvil, los altavoces... Y de él,  ¿qué cosas hay?

- Hay un peine. Un peine azul. No se va nunca sin haberse peinado. Y hay una caja de bombones, que me trajo una de las primeras veces. Pero yo le dije “soy intolerante a la lactosa”. Y me dijo “cierto, lo sabía, pero me he olvidado. Lo siento”. Parecía tan triste, sentía que me había decepcionado. Pero yo le dije “son perfectos para jugar a suela-bombón”. Y me miró sonriendo y entendiendo que en efecto estaba tan loca como se temía. Y yo empecé a lanzarle bombones con la suela del zapato como si fuera una raqueta. Y él los esquivaba mientras se acercaba a mí hasta que se rozaron nuestras pieles y nuestros cabellos y nuestros labios y nos olvidamos de los bombones y de todo lo demás.

miércoles, 1 de julio de 2015

El ático - Cap.1


- Como sabe, al principio me parecía que era una habitación de hotel. Una buena habitación. Incluso lujosa. Con unas cortinas rojas… Ahora en cambio creo que es un apartamento. Un ático. Con persianas mallorquinas. Hay una butaca de un tejido estampado donde suelo dejar el bolso. Y, por supuesto, una cama grande con muchos cojines. También hay una pequeña nevera donde tenemos agua y vino blanco… Sí. Es un ático. Estoy segura.

- ¿Cuándo ha estado por última vez en ese “ático”?

- Esta misma mañana. Estaba haciendo la compra y de repente estaba allí. Tumbada sobre la cama. Esperándolo.

- No es la primera vez que lo espera. ¿Cómo le hace sentir el tener que esperarle?

- No es algo que me preocupe. De hecho cuando ha llegado he bromeado un poco. Le he dicho: “hoy no habrá tiempo para hablar”. Y me ha dicho “me vuelves loco”. Y yo le he dicho “ven a la cama que tengo hambre de ti”. Se ha quitado los zapatos y ha venido en seguida. Me ha mordido el labio inferior. Él también tenía hambre de mí.

- Y, dígame, cuando “ha vuelto”, ¿aquí todo estaba en orden?

- Sí. Como de costumbre. Ya estaba en casa sacando la compra de las bolsas, exactamente todo lo que tenía que comprar. Es como si el tiempo en que estoy allí, aquí estuviera en modo automático. Pero me inquieta, me sigue inquietando. No olvide que es por eso que decidí venir a hablar con usted.

- Bien. Seguiremos hablando en la próxima sesión.